Xaro Cortés

Porque me gusta escribir.


Toledo

Dom, 25/11/2012.

ALCÁNTARA

Recortando la diáfana noche primaveral, excesivamente oscura por la ausencia de Luna, un perfil femenino recorre todos los rincones del Arrabal de los Francos. Apenas sin detener su paso escudriña los cuerpos jóvenes que jalonan el Zoco de los Cambiadores, igual que ha ido haciendo mientras atravesaba el Zoco de los Bruñidores.

Ni los sabios hombres del libro que han pedido asilo en la mezquita de las Tornerías con la absurda creencia de que el déspota rey no los buscará en lugar sagrado, ni los desconocidos que se han cruzado en su errático deambular han sabido darle razón del hijo querido.

La mujer intuye la muerte del hijo porque un intenso dolor le desgarra el pecho desde hace un buen rato. El lacerante dolor le grita a cada latido de su fatigado corazón que su alma de madre se ha roto.

Mira sin ver, buscando esperanza dentro de su desaliento mientras contempla los cuerpos yacientes de niños caídos bajo la espada de las fuerzas reales y a madres plañideras rompiendo el silencio nocturno con sus desgarradores lamentos.

Mientras continúa con su infructuosa búsqueda, la madre intenta hallar una respuesta a la sinrazón que ha promovido un acto tan vil como yermo. Un sinsentido más para un rey fratricida al que nada importa más que la explotación de plata y oro de las cecas toledanas.

Tras meses de asedio el rey Alfonso ha coronado su hazaña derrotando a la orgullosa Taifa toledana.

Mientras atraviesa la alcántara, a la que los cristianos dominadores llaman puente, y que lleva contemplando la ciudad desde mucho antes de que Leovigildo convirtiera la ciudad en el centro cristiano de la península, examina con avidez los cuerpos que flotan en las oscuras aguas del Tajo, apenas iluminadas por decenas de antorchas esparcidas por el lecho terroso.

Como desde el pretil de la alcántara le resulta imposible distinguir algo en el lecho del río entre la oscuridad, la agotada mujer, decide bajar por la resbaladiza pendiente hasta la orilla, presa de la angustia y la confusión.

Una madre abraza, desconsolada por la pena y el dolor de la pérdida, el cuerpo sin vida de un muchacho imberbe. La mujer, pese a apiadarse de su dolor, siente un ramalazo de envidia porque esa desdichada madre ha finalizado su búsqueda y ha encontrado lo que ella continúa anhelando.

La historia de la alcántara está escrita en los pétreos bloques que la sostienen. Un pasado glorioso en algunas ocasiones pero tan nefasto en otras. Ella, heredera de una larga dinastía de nobles, piensa que el episodio más memorable que narran los sillares es el de su antepasado Táriq ibn Ziyad, cuando la atravesó para arrebatar Toledo a los últimos Visigodos, usurpadores de tierras y dioses.

De pequeña escuchaba en las sombras a los cadíes relatar epopeyas de unos reyes paganos, cobardes y desarraigados que habían abandonado su fe para convertirse al cristianismo; aunque ella prefería imaginar que lo hicieron para poder dominar a las etnias menores, convirtiendo a judíos e islámicos en el centro de su odio y dominación. Cualquier excusa era válida para arrasar antiguos templos romanos y edificar sobre sus cenizas otros de mayor grandeza y esplendor dedicados a su Dios. Basílicas que no corrieron mejor suerte tras la entrada en Toledo del gran Ziyad.

Tampoco allí encuentra a quien busca y continúa su peregrinaje recorriendo la muralla, esquivando a su paso soldados ebrios de vino y muerte. Los contrafuertes y vanos la ayudan a camuflarse cuando advierte su proximidad.

Arropada por sus pensamientos y perseguida por su dolor llega hasta la imponente puerta de la Bisagra, muestra indiscutible de arquitectura militar. Atraviesa su torre defensiva y dirige la vista hacia el lugar en que cientos de cuerpos muertos aparecen desordenados junto al alfiz que enmarca el gran arco de herradura. El portón ha sido arrancado de los férreos goznes y, por un instante, la mujer teme que bajo aquel amasijo de cuerpos y madera pueda hallar el cuerpo sin vida de la luz de sus ojos.

La sangre salpica su túnica hecha jirones dejando sus carnes maltrechas al descubierto. Lejano se le antoja ya el episodio de la mañana, cuando varios de los soldados han maltratado y violentado su cuerpo, que no su alma, perturbada ahora por la incertidumbre.

No siente dolor alguno por la vejación sufrida ni teme a la muerte, sabedora de que ya no tiene nada que perder, tan sólo pretende encontrar su gran tesoro.

Aún alberga esperanzas de abrazar su cuerpo joven, revestido con el vigor de sus veintiún años, apartar los cabellos rebeldes de su hermoso rostro para poder besar su frente y desearle buenas noches. Sin embargo, en su fuero interno presiente que su hijo amado ya se ha reunido con Alá, el misericordioso, y que junto a él aguarda, paciente, el momento en que ambos vuelvan a reunirse.

De pronto, algo familiar llama su atención. El almaizar verde que sobresale en un ángulo de una de las torres defensivas de la muralla se asemeja al tejido por ella misma para obsequiar a su hijo en el último aniversario de su nacimiento. Debatiéndose entre el temor y la esperanza se aproxima al lugar para descubrir horrorizada que se ha cumplido el peor de sus temores.

No sin esfuerzo llega hasta el hijo muerto. Lo abraza, besa y acuna entre sus brazos entre lamentos y juramentos mientras va tomando fuerza una idea en su cabeza.

Todo atisbo de futuro le ha sido negado. Mujer, viuda y sin nadie que la mantenga sólo ve ante sí pauperismo y desventura.

Sin perder de vista el cuerpo depositado sobre la arena limpia sube por la torre hasta lo alto de la puerta de la Bisagra para arrojarse después junto a quien tanto ha amado desde que sus ojos lloraron por primera vez a la vida.

Su último aliento es para tomar la mano del hijo y así poder caminar juntos por el prado preñado de florecillas que lleva al plateado río Tajo en dirección al paraíso que Alá les tiene reservado.

PARA ÁYAX CON TODO MI AMOR

Agosto de 2012

Relato que ha sido elegido entre 156 obras para formar parte de un libro que será publicado en breve en el I concurso de relatos cortos "casco histórico de Toledo".

Enviado por xaro 21:05